La visita de don Emilio Rivas (OPINION)

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Desde inicio de este mes de diciembre me instale en la casa del Recuerdo de José Francisco Peña Gómez, ubicada en el km 4 de la Carretera San Cristóbal-Cambita, última morada de mi padre, que pese a que está en mi poder desde hace muchos años nunca había pernoctado en ella pero, la nostalgia navideña me hizo tomar la decisión de pasarme unos buenos días allá, para hermosearla y hacer las actividades o encuentros con dirigentes del partido en que milito, el BIS, y con la dirigencia-miembros del FOPPPREDOM.

Hace 15 días recibí insistente llamadas de mi amigo y colega, presidente de partido. el doctor Emilio Rivas, quien presidía la organización política llamada MODA (Movimiento Democrático Alternativo), le indique a mi buen y afectuoso compañero que estaba en San Cristóbal, y me dijo que no importaba que me visitaría, porque era de suma importancia para él verme, a los fines de tratar un tema delicado pero, que solo podía hacerlo de manera personal; como es natural sería un honor recibir a don Emilio –como siempre le decía-, y así sucedió, horas después estaba él también correcto empresario acompañado de su siempre escudero y amigo, el doctor Elsido Díaz, hombre bueno, que por largos años le acompañaba y que lo representaba como Delegado Político ante la JCE de su partido. 

Desde que inicio la conversación, me percate que don Emilio se encontraba nervioso y desmejorado pero, por prudencia no se lo hice saber hasta que comprendí la razón, cuando me explico en detalles que le atormentaba que el PEPCA había iniciado una profunda investigación de su accionar al frente de la administración de Bienes Nacionales, y que por ello el Ministerio Público auditaba todo su patrimonio: cuentas y propiedades, le expresé a mi preocupado colega que eso no le quitará el sueño, porque estaba seguro que su proceder era honesto y que él no tenía nada que ocultar, ya que él había llegado con una situación económica acomodada a la política y al gobierno, que todos los sabíamos, y que no habría forma de echarle un baldón deshonroso a su recto proceder pero, me adujo el estimado compañero ido a destiempo, que había saña e interés en involucrarlo en un expediente que se le está preparando al ex Ministro de Hacienda.

Me explicó don Emilio, que él sabía que le involucrarían en el mismo, que aunque él no se había robado nada del Estado, primero, porque no era de su interés; y segundo, porque no lo necesitaba, él estaba convencido de que la acusación del Ministerio Público sumada al linchamiento mediático de las redes sociales afectaría su buen nombre y su trayectoria empresarial, trate de calmarlo, y me comprometí en colaborar para aclarar las cosas y que contara con nuestro respaldo y el del FOPPPREDOM, porque conocía de su integridad personal, por ello le pedí a un buen amigo del gobierno que le llamara, para que le aclarara que no había interés político de hacerle daño alguno por parte de las autoridades palaciegas, y así lo hizo poniéndosele a las órdenes para tramitar cualquier queja al respecto.

De igual manera, llamé a un amigo relacionado al Ministerio Público, para que me indagara si había un interés en procesar judicialmente a don Emilio, y éste me contestó que al parecer está investigación era producto de las conexidades creadas por las indagatorias que se hacen a las acciones del ex Ministro de Hacienda.

Tres días después de mi conversación, don Emilio fue hospitalizado, creía que era cosas rutinarias, jamás pensé la gravedad del caso, ya que tenía una arritmia cardiaca que sumada a precondiciones establecidas de hace ya varios años, produjo su lamentable deceso. 

Pregunté a mi amigo Elsido, su fiel escudero, si la situación de la investigación de la que era objeto tenía algo que ver en tan funesta situación, porque por las varias llamadas realizadas posterior a su visita, buscando información a mi comprometida gestión de ayudarle, me hacía pensar que dicho estado de presión anímica le hubiese afectado, siendo la respuesta de nuestro mutuo amigo que él entendía que sí, que ese fue el tiro de gracia que minó la ya afectada salud de don Emilio, y que desencadenó el lastimoso acontecimiento.

De don Emilio puedo decir que comencé a tratarlo de manera más directa a mi llegada como Administrador de la Lotería Nacional, porque él era el empresario del sector de juegos que más bancas legales tenía registrada en la institución, lo que hablaba muy bien de su accionar comercial, porque todas sus cosas estaban en regla y pagaba sus impuestos a cabalidad, nunca vi interés alguno en evadir pago al Estado, muy por el contrario siempre apoyaba las acciones, para que ese sector caminara hacia su total legalidad, por eso le respete y construí una relación de amistad fluida con don Emilio, hasta que años después serví de intermediario para que éste apoyara al presidente Medina en su reelección y entrara nueva vez al tren gubernamental representando a su partido.

Pese a la confianza establecida entre nosotros, siempre le decía don, porque creía erróneamente que me llevaba varios años de edad, no fue hasta su deceso que supe que yo era un mes mayor que él, nacido él en noviembre y yo en octubre del 1963, no sé si era su respetuosa forma de ser y sus problemas de salud o una combinación de ambas cosas, que le hacían ver de mayor edad pero, sentí un gran pesar porque se nos fue en la primavera de la adultez mayor.

Cuando subí un tuit sobre Emilio, leí los comentarios de algunos de los críticos de oficios digitales que veían como algo normal que se le investigara y se le enjuiciara, sin embargo, lo que no entienden los asesinos de honras, es que para una persona honesta ser objeto de investigación sin ser llamado de manera directa a aclarar situaciones, a lo que estamos obligados todos los que hemos sido funcionarios públicos, es causa casi siempre de linchamiento moral, porque hoy estar en el medio de la combinación de una acusación del PEPCA y del cuestionamiento demoledor de los críticos virtuales, es aparecer ante la ciudadanía como culpable de los hechos que se le acusen, porque nadie le devuelve la honra después de mancillada, ya que lo que queda en el imaginario popular es el carácter de desfalcador de los dineros públicos, aunque no se haya llevado una menta del Estado.

Para una persona honesta que a fuerza de trabajo adquirió una buena situación económica, lo peor que le puede pasar es que la gente piense que su bienestar personal es producto del usufructo de los bienes públicos, más cuando es la envidia en esta sociedad el sentimiento de enojo más común de aquellos que se indignan por el progreso ajeno.

Estos daños colaterales que hace el Ministerio Público, es producto de no entender que no todo el mundo que pasó por el Estado es ladrón, que la superioridad jerárquica obliga a los subalternos a cumplir instrucciones, más aún cuando se desconoce si existen coimas o conflicto de intereses sobre expediente en particular, porque si todo el funcionarato público tuviera que pedir explicación para procesar o despachar una solicitud o un expediente las trabas burocráticas fueran enormes y nada se realizará con prontitud en ninguna institución del Estado.

No digo con esto que hubiese un interés del Ministerio Público en dañar a don Emilio Rivas pero, bien y discretamente pudieron llamarlo, para que él aclarará información antes de abrirle una investigación donde él pudiera servir de chivo expiatorio, sin embargo, prefirieron involucrarlo en un expediente donde él no sería el principal acusado pero, donde su moral quedaría en entredicho.

Nadie piensa en la moral ajena, los fiscales solo les interesa armar casos para ganarse prestigio social, y no se dan cuenta que en el camino se llevan la honra o la vida de gente seria, más aún cuando se utiliza el inconstitucional mecanismo de la larga prisión preventiva, que hace culpable mediático a todo acusado que ve de igual manera, limitada su posibilidad de defenderse cuando lo envían a una cárcel con los rigores del nuevo procedimiento carcelario que lo aíslan hasta de sus familiares y abogados.

Solo les expresó a los que actúan así, que este es un patio, tierra de familiares, amigos y compadres, donde el día más claro llueve, y donde hoy usted está arriba y mañana abajo, solo su conducta prudente y humana lo salvará en el futuro del cobro de las vendettas electoreras, por eso temo mucho en hacerle daño gratuito a nadie.

No entiendo por qué si existen tanto mecanismos de seguridad, no se le permite a los imputados defenderse en libertad, aunque sea condicionada, si la inocencia es más que una presunción, una condición ciudadana que protege la Constitución y que el Estado solo cuando tenga todo el fardo de las pruebas de manera concluyente, debe dictar sentencia a través de jueces independientes de la presión del Ministerio Público y de las redes sociales, para determinar los niveles de inculpación de los imputados y que paguen definitivamente por los hechos cometidos.

Conozco de gente que han mandado para su casa después de haber sido arrestado en aparatosidad mediática y después de haberlos inculpado la sociedad, me preguntó ¿quién les devuelve su prestigio o moral a ese ciudadano?

A eso le temía el buen amigo Emilio Rivas, al escarnio público, a los envidiosos del éxito ajeno, a los indignados sociales, que ven culpables a todos el que sindiquen, eso fue lo que hizo Mella en el buen juicio de este hermano ido a destiempo.

Espero que las acciones de los defensores de los bienes públicos sean más certeras, para que no sigan afectando como daño colateral a gente honesta, sin tomarse un minuto en pensar que los demás tienen hijos, familia y una moral que defender, no todos los que están en política tienen piel de cocodrilo, y algunos les afecta considerablemente caer en la boca y en los dedos escrutadores de una ciudadanía digital indignada.

Para los hijos de Don Emilio que tuve el placer de conocer en tan difícil situación, para sus compañeros del MODA y de FENABANCA, éste será un referente digno de moral y trabajo que nunca olvidaremos, loor a la memoria del caballero de la política, doctor Emilio Rivas, E. P. D. hermano.

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